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jueves 25 de abril de 2024 - Edición Nº1967

Entrevistas | 4 feb 2023

TUS RADIOS

“El mar es un recurso divino, lo quiero desde que nací”

Al frente de la Pescadería Santa Cecilia desde hace 30 años, Roque Bruno compartió su mirada sobre la industria de la pesca en el país, su ímpetu por reactivar el barrio Puerto y la ilusión de recuperar la banquina de los pescadores


En los últimos años, la alimentación saludable se ha fortalecido como uno de los pilares de una buena calidad de vida. Se evita caer en la tentación de la “comida rápida” o “chatarra”. Sin embargo, en este mundo a contrarreloj que convivimos, no sólo queremos comer sano sino también sin pasar horas en la cocina. Eso ha transformado la oferta de los comercios alimenticios y las pescaderías no fueron la excepción. Del mar a su mesa, en el menor tiempo posible, necesitó ser una realidad y para Roque Bruno fue un camino que le permitió posicionarse a Pescadería Santa Cecilia como uno de los comercios referenciales de nuestra ciudad y la región. Hasta para algunos turistas, un lugar obligado para llevarse un “souvenir”.  “Nos volcamos a solucionarle al ama de casa y a la persona que trabaja el almuerzo o la cena. Que pase por la pescadería y en 5 minutos lo soluciona con un filet, empanadas, una picada…siempre estamos innovando, viendo qué le gusta a la gente”, remarcó Roque, reconociendo que cuando abrieron el comercio en 1990 era muy distinto. 

En algún lugar más allá del mar 
 “Hace 30 años, la mayoría (de los clientes) llevaban bacalao, anchoas o el pescado entero…la corvina -les cuento a mis hijos y no lo pueden creer- yo la vendía con las vísceras, es una locura que hoy lo hagas. Hoy un ama de casa, le llegas a vender algo así, y lo tira automáticamente al tacho de basura. Esa eran las ventas de esa época, cuando recién inicie y también antes, toda la vida. Hoy en día un pescado lo tenes que entregar casi listo para poner en la parrilla, abierto, con la receta inclusive… Para que el cliente le salga rico y que pueda volver. Si le vendes un producto que no lo puede manejar, que no le salió rico, no lo ves nunca más”, comentó sobre el día a día en su trabajo. En ese sentido, agregó que “cada vez permanecemos menos tiempo en la cocina, porque el trabajo, cualquier tipo, no lo permite, no nos da el tiempo. Si bien nos alimentamos mejor, porque los médicos y nutricionistas nos han ayudado a cambiar el hábito de la comida, incorporamos mucho pollo, mucho pescado, verdura, antes no comíamos eso, éramos carnívoros por naturaleza…”.

"Hoy en día un pescado lo tenes que entregar casi listo para poner en la parrilla, abierto, con la receta inclusive"

No más navegación
La relación con los frutos del mar para Roque no tiene que ver únicamente con una cuestión comercial. Sino mas bien de familia. “Mis viejos traen el oficio de la pesca, mis dos familias, tanto los Bruno como los Incorvaia”, explicó. Sin embargo, pese a su deseo, y el de su hermano Pablo, no pudieron seguir el mismo oficio. “Mi Papá no quería que fuéramos a pescar. El mar, lo ven calmo, pero los temporales siempre están. Ahora no tanto, pero años atrás había pérdidas de vida…tanto en las lanchas amarillas como en barcos, era peligroso. Y nos convenció de no salir a pescar. Yo en realidad quería ser capitán de barcos, tenía pensado estudiar en Buenos Aires, pero tampoco mi papá me daba la derecha (en eso). A María José -la esposa de Roque- tampoco le gustaba que yo me fuera al mar, por eso me volqué a la pescadería. Y desde ahí estuve remando, con alguna lágrima te voy a ser sincero, porque eran años difíciles, en los que la gente no comía tanto pescado. Nos costó afianzarnos porque había otros colegas con muchos años. De repente, como el sol después de una tormenta, nos empezamos a hacer conocidos. Y ahora lo cuidamos más que nunca, porque llegar así es difícil pero más difícil es mantenerse”.

Y mira los barcos que van a navegar
Con su experiencia, analizó la actualidad de la industria de la pesca apuntando que “el mar es un recurso divino, lo quiero desde que nací. No nos damos cuenta lo que hay abajo”. Y dio como ejemplo el mejillón, que hace tiempo se dejó de pescar en la costa necochense. “Esta parado por la marea roja, pero si salimos, está lleno, delante nuestro a 30 km. de la costa. No es que está muerto el mejillón. El día que se habrá la marea roja, nuestros hijos van a tener mejillón y lo van a poder vender o exportar como se hacía hace años acá”. Una situación similar, pero a la inversa, se vive en el Sur. “Estuvieron más de 20 años sin pescar langostino. Y hace 10 o 15 años que están haciendo una muy buena pesca, con negocio tanto para marineros como dueños de barcos. El mar te va entregando, hay años buenos y años malos”.
En ese sentido, explicó sobre la ausencia de lanchas amarillas en nuestro puerto que “En Necochea es zona de reproducción, no podés salir con una lancha y tirar redes cerca de la costa. Te cobran una multa muy cara. Se está trabajando bien para cuidar el recurso pesquero”. 
Sobre la vida en el mar, con mucha más seguridad hoy de la que había cuando él era chico, apuntó que “tengo amigos, primos, que me mandan fotos de los atardeceres en el mar, se encuentran con delfines. La mayoría trabaja con placer, aparte de lo económico. Se jubilan muy jóvenes porque el trabajo es muy sacrificado. Hay que pensar que aunque no pesquen nada, el barco está todo el día en movimiento, es cansador porque el cuerpo no queda quiero nunca. Se está lejos de la familia, te perdes cumpleaños, pasas quizás las fiestas en el mar, pero el que lo agarra con cariño al trabajo hasta se divierte en los temporales…ponen la proa al viento. Nosotros estaríamos con miedo y ellos buscan de lo malo, lo bueno y tratan de pasarlo de la mejor manera”.

 

"Me gustaría ver la banquina de pescadores como fue en su época floreciente"


 
Nos encontraremos más allá de la orilla
Los recursos del Mar Argentino son admirados en el exterior y en Pescadería Santa Cecilia hasta hay un planisferio donde se marca el lugar de procedencia de los clientes, que han llegado de todas partes del mundo. El puerto en un paseo turístico obligado en cualquier ciudad cortera del planeta, pero en Quequén ha perdido el encanto las últimas décadas. “El barrio, de lo que era hace 30 años, no quedó nada. No hay empresas pesqueras, ni el Molino Harinero. Teníamos la fabrica Bajamar… pero hay que mirar para delante. No digo que van a volver esas épocas, pero nosotros le ponemos todas las ganas, trabajamos de las 6 de la mañana a las 21, incluso los feriados, porque atendemos hospitales, clínicas, geriátricos, talleres, que no tienen vacaciones o no hay 25 de diciembre ni Año Nuevo”. 


Mi corazón me llevará allí pronto
Si bien de joven se quedó con la frustración de no haber podido completar la carrera de biólogo marino o salir al mar como capitán, confió que su máximo sueño hoy, a los 53 años, pasa justamente por darle impulso al barrio puerto: “Me gustaría ver la banquina de pescadores como fue en su época floreciente y así estar con mi pescadería y un restaurante, como lo estuvieron unos tíos míos. Eso sería tocar el cielo con las manos, es un sueño que tengo. Es algo que se ha prometido durante muchos años, como el Puente Ezcurra”. Para que estas cosas se concreten comprendió que mucho tiene que ver la política, pero opinó que “no nos ayuda que no haya lanchas pesqueras. Si las embarcaciones que hoy tiene Puerto Rawson se vinieran a Necochea o Mar del Plata, sería otro el pensamiento. Se que están hechos los proyectos, tanto del puente como de la banquina. Al puerto le vendría bien, si bien es un puerto cerealero y le molestamos porque estamos ocupando el lugar y ellos lo pueden utilizar de otra manera”.
Roque no es de los que se queda esperando que las cosas simplemente pasen y forma parte de un grupo de vecinos que viene trabajando con el municipio para que se concrete una intervención paisajística en el espacio verde situado en el sector portuario de Av. 59 y 18, como ya ocurrió en la Plaza Dardo Rocha y en la Plazoleta de la Juventud. Al respecto comentó que “soy optimista y pienso que este año va a estar. El intendente nos atendió de maravillas, todo el equipo, Juan Micheli también…hay que hacer los trámites para que este todo bien prolijo y Nación les mande el dinero, los fondos para concretarlo. Pienso que este año vamos a estar ahí con la plaza para darle ímpetu al barrio. Tenemos vida propia, aunque algunos lo vean alicaído al puerto. Para mi es uno de los barrios más lindos de la ciudad, tenemos el río, la playa de los patos y la llegada de barcos de todo el mundo”, enumeró entre los atractivos. “Será porque nací ahí, porque lo quiero, para mi es el barrio que uno lleva en el corazón”

Escuchá la entrevista completa acá:


 

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