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domingo 02 de octubre de 2022 - Edición Nº1397

Entrevistas | 10 sep 2022

TUS RADIOS

“Hay que volver a la técnica, que hoy no tenemos”

Esteban Rosales, reconocido entrenador boxístico detrás del título mundial de Jorgelina Guanini y del vigente campeón argentino José Arias Olivo, apuntó a mejorar el trabajo en los gimnasios, volver a la época en que Argentina fue potencia y no caer en la tentación de los promotores que apresuran a chicos sin experiencia por la necesidad de una bolsa económica


Muy probablemente lo hayas conocido de noche, quizás como seguridad en numerosos locales bailables de Necochea. Pero Esteban Rosales es una personalidad aún más reconocida en veladas de otro tipo, en las deportivas, gracias a su notable trayectoria como boxeador, preparador y promotor. Tras haber logrado más de 70 victorias como amateur, lleva más de 20 años como entrenador y se consagró detrás del histórico título mundial de Jorgelina Guanini y del vigente campeón argentino José Arias Olivo. Con esa experiencia, fue crítico sobre el magro presente del boxeo nacional, reclamando que “Hay que volver a la técnica, que hoy no tenemos”, evocando aquellos años 60, 70 y 80  en los cuales Argentina fue potencia. “Antes teníamos cuatro o cinco campeones del mundo, tantos chicos. Y había grandes entrenadores, referentes, teníamos buen boxeo”, criticó.
Para Rosales, para mejorar, hay que comenzar en las bases, en la enseñanza. “Hay gimnasios donde hay tipos que nunca boxearon. Pasa en Mar del Plata, por ejemplo. Hoy un preparador físico sube con un boxeador, yo respeto tu trabajo, vos enseñale lo tuyo, pero el boxeo se lo enseño yo. Tenés que haber sufrido, tenés que haber caído y levantado para saber lo que se siente. Hoy están entrenando (boxeo) a chicos personas que no boxearon nunca. Sólo están porque acompañaron a otros grandes entrenadores en su momento, pero no es lo mismo”, se quejó.

Los comienzos
Imposible para Rosales no ponerse como ejemplo de constancia y trabajo en su época de boxeador para alcanzar los objetivos, escuchando, observando y aprendiendo de aquellos maestros o boxeadores que admiraba.  Hijo de un trabajador rural y el mayor de siete hermanos, Rosales se destacaba como un aguerrido marcador de punta en las inferiores y la Reserva de Estación Quequén, en los años de esplendor del “Verde” en el Nacional B. Sin embargo, reconoce que “a mí el boxeo siempre me llamó la atención” y recordó cuando el letrista Luis Tamburini traía sus guantes en un bolsito para que los pibes jugaran en la calle: “Yo tendría 9 años cuando él llegaba al barrio puerto, en la calle 26, y ahí armábamos un ring improvisado con pantalones. Guanteábamos como en su momento jugábamos a la pelota o a la bolita. Era otra la diversión de esa época”.
Necochea fue cuna de grandes boxeadores en los años 50 y 60 como José Saro Giorgetti “Kid Tutara”, el “Vasco” José Urrestarazu o “Lito” Cepeda, por citar algunos. Pero a comienzos de los años 70 se había perdido el espacio formativo. “En el año 76, Mario Anchorena anuncia que volvía a abrir un gimnasio y yo estaba atento a eso”. Así fue que, con un bolsito comprado en Casa Aduriz, con un pantalón de fútbol de Estación y una remera marrón, se acercó al Club Boca con la expectativa de empezar a aprender. “Había como 60 personas, yo era el más chico, había boxeadores hechos, que yo escuchaba por la radio o leía en los afiches”.
Las clases comenzaron al otro día en un gimnasio improvisado en el Colegio Nuestra Señora De Nueva Pompeya y allí fue el boxeador Víctor Montoya quien lo cobijó para ser su primer entrenador. “Con él aprendí mucho”, destacó.  

La primera pelea
No fue sencillo tras dos años entrenando permitirle a un chico de 12 años subirse a un ring a pelear. Rosales recordó cuando Montoya fue a pedirle autorización a su padre. “Mi viejo no quería. Fue Víctor a hablar con mi papá y mi viejo le dijo ‘Mirá, a mi el boxeo me gusta, pero si le llega a pasar algo, el problema lo vas a tener conmigo”, recordó con una sonrisa. Hubo acuerdo y el estreno fue en el Club Boca, frente a Jorge Blanco, un pupilo de Ubaldo Sacco, como bien recuerda Esteban: “Era morrudito pero me llevaba una cabeza”. A partir de allí comenzó su camino, con peleas en Mar del Plata y en Tres Arroyos, pero la falta de competencia en Necochea hizo evidente la necesidad de emigrar para seguir creciendo en este deporte. 

La carta de Kid Tutara
“Un día llego a la Terminal y estaba Tutara (quien ya retirado manejó por muchos años un taxi). Me dice ‘qué pasa Rosales con el boxeo’, sabiendo que se había parado acá. Me dijo ‘váyase a Mar del Plata, que le doy una carta para que lo entrene mi entrenador -Héctor "Nene" Dipilato-”. Rosales, por respeto, le comunicó la buena nueva a Montoya, quien, sentido por la partida de su pupilo, le recomendó verlo a Ever Agüero, otro gran entrenador marplatense en esa época dorada. 
Rosales no dudó, y aprovechando que tenía una tía viviendo en Mar del Plata, allí se instaló, trabajando en una panadería con un primo suyo pero dedicándose por completo al boxeo, antes de cumplir los 18 años. Curiosamente la carta de recomendación no llegó nunca a manos de Dipilato. “Por respeto a Víctor primero hablé con Agüero y él estaba trabajando en el mismo gimnasio que Dipilato, en San Martín y Jara. Dipilato nunca supo que Tutara me había hecho una carta…”

 

“Hoy los promotores te llaman a pelear y levantar un récord, te vas afuera por unos mangos. Los golpes no son gratis. No es fácil ganarle a tipos experimentados".

Camino amateur
Bajo la tutela de uno de los mejores entrenadores del país, Rosales inició una nueva etapa. El admirador de Nicolino Locche, y al que imitaba en su gusto por esquivar y moverse en el ring, aprendería con Agüero a ser más fuerte en el golpe por golpe. “Lo mío era un sacrificio, me iba corriendo a Camet todos los días ida y vuelta…hoy cuando vuelvo por Mar del Plata les digo a mis hijos por acá corría… Agüero era una persona muy estricta, creo que demasiado. Era un segundo padre para mí. Te enseñaba lo que él sabía. No era muy técnico, pero me fui forjando. En Mar del Plata había peleas todos los fines de semana, en el Club Quilmes, en Jara, en Alvarado, en el Piso de Deportes…” 

Campeón peso mediano
Con los números bien presentes, Rosales recuerda que realizó 76 peleas como amateur, de las cuáles sólo perdió 3. Sin dudas su momento más feliz fue cuando se coronó campeón amateur de peso mediano. “Fue un momento importante en mi vida. Ya tenía 25 y pico de peleas”. Curiosamente debió enfrentar a un necochense, a Luis Oscar, a quien conocía desde chico porque “en mis comienzos, él era portuario y me llevaba en bicicleta al gimnasio”. La pelea se concretó en el Club Boca en medio de una gran efervescencia. “Quedó gente afuera, gané una locura de dinero, aunque era amateur, aceptaron la bolsa que habíamos pedido y un porcentaje de las entradas algo que entonces solo ganaba un profesional”. Tras la victoria, con apenas 18 años, confesó que “nunca vi tanta plata junta. Compré un TV Color para mi mamá y ropa para todos mis hermanos”.

De guantear con Ballas al retiro
Lo que parecía un punto de despegue para su carrera, terminó siendo el inicio del ocaso. En 1981, se dio el gusto de guantear con uno de sus ídolos, el cordobés Gustavo Ballas, quien realizó en Mar del Plata su primera presentación tras consagrarse campeón mundial supermosca. Ballas pasó por el gimnasio de Agüero para prepararse y Rosales fue el elegido para guantear ante las cámaras de Canal 8 y la prensa especializada. 
Sin embargo, las exigencias de Agüero y la salud de su mamá, lo terminarían alejando de la competencia activa. Agüero “se enojó conmigo porque no había sado un peso en un entrenamiento”, recordó en la previa a una pelea frente a Víctor Segura, en Neuquén, que se planteaba como su paso previo al profesionalismo. “O cumplí o no vengas más. Ahí tiene tres o cuatro entrenadores’ me dijo. Ahí tuvimos un cruce muy fuerte. A mi me costaba dar el peso, era un sufrimiento. Hay cuerpos que les cuesta y a otros que no. Yo salía a correr, comía fruta, pero me tomaba un vaso de agua y engordaba dos kilos. Me sentí muy mal, me trató mal delante de todos. Yo no le dije nada, lo apreciaba mucho”. Dolido por las palabras de Agüero lo desafío: “Terminó de pelear con Segura, no se si voy a ganar o no, pero voy a dar lo mejor que tengo, pero después de esta pelea dejo el boxeo”. 
Y Rosales cumplió con la promesa. En Neuquén, después de seis rounds, le ganaría a Segura en lo que fue una de sus peleas más duras: “El tipo trabajaba en un aserradero. Nunca vi una persona que pegara tan duro. Cuando toca la campana y me choca los guantes, me tira una derecha. Una falta de respeto. Me pega de refilón y quedé medio tonto de movida. Si me pega bien, todavía me están contando. Cuando te golpean no hay dolor, escuchás voces desde lejos y las luce se te mueven, como un atontamiento. Traté de subir las manos y no quedarme. Nunca te quedes, tratá de moverte para que la sangre se mueva”, lanzó como consejo de entrenador. Después de que le dieran amoníaco en su esquina para levantarlo, la pelea empezó a ser otra. “A partir del tercer round, me empecé a prender. Y desde el quinto empecé a jugarme y llegar. Lo lastimé en los ojos (antes no peleábamos con cabezal), era un ‘tome y daca’. Fuimos a las tarjetas y le gané por puntos. Para mi era campeón del mundo”, sintetizó sobre su satisfacción en una de sus peleas más recordadas.  
A la vuelta, se quedó en Necochea como anunció y generó que Agüero lo mandara a llamar para pedirle disculpas entre lágrimas. Pero Rosales recuerda que, por entonces, sus prioridades eran otras. "Mi madre se enfermó de cáncer, un tumor en una pierna. Eso me privó de seguir con el mismo ritmo, entrenaba para despejarme nomás”.  Incluso lo invitaron a entrenar en el Luna Park, donde estuvo 15 días entre los mejores exponentes del país, pero decidió volverse a Necochea. “Al año que estoy parado me sale una oportunidad de ir a Bahía Blanca, y ahí hago mi última pelea”, recordó.
En 1989 se dio el gusto de debutar como profesional, frente a Marcelo Eduardo Sánchez, justamente en Bahía Blanca. Fue con victoria por puntos, en lo que sería su única pelea en el campo rentado. 

Como entrenador
Sin alejarse de los gimnasios, Rosales comenzaría luego una carrera como preparador y promotor, intentado darle continuidad a un boxeo que siguió con intermitencias en nuestra ciudad. “A mí siempre me gustó enseñar. Aunque tengo muchísimo que aprender, soy consciente de lo que aprendí”, valoró. Con la misma humildad con que relató su carrera sobre el ring, apuntó que “Es feo hablar de mí, pero hoy Necochea es una plaza fuerte del boxeo porque tuve la suerte de sacar una campeona mundial y sudamericana y hoy un campeón argentino”. En 2018, se consagró con Jorgelina Guanini, quien fue campeona sudamericana y campeona del mundo peso súper mosca de la Federación Mundial de Boxeo. Actualmente, entre otros, prepara a José Arias Olivo, quien este año se consagró campeón argentino de peso super gallo, mientras que, hace horas, Sebastián García y Lucas Mónaco se consagraron campeones bonaerenses amateurs.
Asumiendo los cambios de época, reflexionó que “los tiempos (del boxeo) son distintos. Yo a José lo hice profesional con 28 peleas cuando yo hice 76 y como tantos otros no (hicieron) menos de 50 antes. Hoy hay chicos que viajan (al exterior) con 8 o 9 peleas a buscar un título, cuando antes vos no existías (con ese número)”. Y dio el ejemplo nuevamente de Arias Olivo: “¿Tiene condiciones?, sí. Pero decirme mañana vamos a pelear afuera…no”. 
Y continuó siendo crítico con esa situación que es común, ante la necesidad económica de obtener una bolsa rápido. “Hoy los promotores te llaman a pelear y levantar un récord, te vas afuera por unos mangos. Los golpes no son gratis. No es fácil ganarle a tipos experimentados. Y el que más gana es el promotor, vos te traes un millón de pesos y él se quedó con dos. Tenemos promotores que no vienen del boxeo, sino del fútbol. Los boxeadores con 5 o 6 peleas se desvinculan de su entrenador que los formó toda la vida y se van con un promotor.
Yo siempre voy a defender a mis boxeadores. A José lo llamaron antes, pero voy a pelear cuando crea. ¿Soy ignorante? Quizás, pero la plata va y viene, pero yo con tu pelea no me voy a hacer rico, yo quiero ganar, ganar bien…y la plata vendrá si sos un número uno, un Mayweather, mejor, porque la bolsa parte desde ahí. Pero es muy difícil de que los chicos, como está el país, y en este caso el boxeo…Están saliendo con récords malos, los usan”.

 

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