Una vez, alguien muy cercano a sus afectos, le dijo “vos dejá que el universo se encarga de todo”. Y parece que, de alguna manera, así ha manejado los hilos de su vida. De trabajar en una empresa de primer nivel nacional y estudiar Ciencias Económicas, Verónica Cejas dejó atrás sus días sin horarios y pasó a transformarse en Vidya Devi Dharmanath, una de las instructoras de yoga más reconocidas de la provincia de Buenos Aires. “El yoga a mí me cambió la vida”, destaca en una frase su proceso de crecimiento interior y fundamentalmente encontrando algo que le hiciera bien a ella y también a los demás.
“El yoga llegó a mi vida porque estaba estresada, como llega a la vida de todos”, apuntó Vidya, oriunda de Monte Grande, en la zona Sur del Gran Buenos Aires, quien por entonces como una veinteañera que comenzaba a hacer su camino, trabajaba por la mañana en Supermercados Disco y por la tarde estudiaba en la universidad, volviendo a su casa a las 11 de la noche. “No tenía vida”, sintetiza. “Ahí fue donde me di cuenta de que debía haber algo más. Creo que mi mamá me dijo ‘tendrías que hacer yoga’, creo que había hecho (ella) alguna vez, le gustaba la meditación y lo místico. Me anoté el sábado, que era el único día libre que tenía. Mi primera clase de yoga fue un antes y un después en la relajación. Una emoción. Hasta recuerdo cada palabra que me dijo la mujer en su meditación, que me hizo llorar. Me dije: acá hay algo que está copado. Si me movió algo adentro mío, debe ser algo bueno. Decidí no dejar nunca más hasta el día del hoy”.
Paz
La crisis económica del año 2001, el caos de Buenos Aires, la movilizó a pedir un traslado a Mendoza en la misma empresa en la que trabajaba, en la cual había ascendido de cajera hasta ser secretaria de la gerencia. Allí, el desarraigo, una separación y la imposibilidad de seguir con sus estudios por la incompatibilidad de los horarios entre el estudio y la oficina, la hicieron replantearse su camino. “Y ahí empiezo esta cosa existencial ¿realmente quiero vivir mi vida, detrás de estados contables, analizando cuentas ajenas? tiene que haber algo más. Una frase que me rondaba la cabeza era: a mí me gustaría hacer algo que me haga bien a mí y a los demás. No solamente a los demás”.
Así fue como el yoga ganó aún más espacio en su vida. “En Mendoza hice instructorados y prácticas, empecé a formarme. Hasta que voy a un retiro espiritual en Córdoba. Me ofrecían un instructorado intensivo. Y en un mundo donde todo lo quiero todo ya, me dije voy a hacerlo. Eran 15 días, de hacer yoga todos los días. Y allí me recibí de instructora y lo conozco a quien es hoy mi marido, por el cual estoy en Necochea, Sadeva Dharmanath, que él era parte del staff de maestros del lugar. Quedando el contacto, terminé casada con él”, relató con una sonrisa cómplice.
Sosiego en momentos de confusión
Luego de recidir cuatro años en Mendoza, la decisión de venirse a Necochea por un amor no fue sencilla. Entre sus dudas, allí fue cuando Sadeva le esgrimió eso de “el universo se encarga de todo”. Y Vidya asiente: “Y se encargó. Porque la empresa fue comprada por Jumbo y empezaron a echar empleados que hacía muchos años que estaban. Conseguí una oportunidad de volver a Buenos Aires en la empresa, también empecé a dar clases de yoga para mis compañeros (de oficina) y también hice el profesorado superior. A partir de ahí decidí cambiar completamente de vida y después de ocho años en la empresa le dije a mi jefe “necesito dos cosas: tiempo y plata”, así que al final pude hacer un arreglo de irme de la empresa”.
Junto a Sadeva, posicionó a la Escuela Natha Yoga en una de las más importantes de Necochea, duplicando sus alumnos año a año, expandiéndose a la región, transformando más vidas. Y como mejor ejemplo, ella expone su experiencia personal. “A mi (el yoga) me sirvió para ser más consciente. El yoga, como todo, no es algo mágico, tenés que practicarlo. Podés leerte todos los libros o mirar los videos de YouTube que vos quieras, pero si no lo practicás, es como tener un medicamento y no tomarlo. Esto es lo mismo. Hay que practicarlo, no buscar cosas espectaculares. El yoga no es solamente hacer posturas o tener una meditación. El yoga es conciencia, es estar en el presente. Tratar de ser lo mejor persona que pueda ser en el lugar donde te toca estar. No siempre te va a salir, porque somos humanos”.
Om
También resaltó que “pararse de manos es una acrobacia, no es yoga. Los libros de yoga, que tienen más de 5.000 años, que hablan de cómo llegar a la iluminación, dicen que sólo dos posturas son necesarias, sentarse y sentarse mejor. (hay que) sumergirse en la experiencia de tu propio ser. Observar quien sos, como si estuvieras viéndote desde arriba, simplemente eso. Después, la idea que cada uno tenga de Dios, del universo, o como quieras llamarle, es personal y subjetiva”.
"El yoga es conciencia, es estar en el presente. Tratar de ser lo mejor persona que pueda ser en el lugar donde te toca estar. No siempre te va a salir, porque somos humanos”
Karma
El yoga nació en la India, país que Vidya tuvo la fortuna de visitar y recorrer desde la caótica Nueva Delhi, hasta los pueblitos más recónditos. “A medida que salíamos de la capital, que nos metíamos en los pueblitos del yoga, me fui enamorando. Estuvimos en Jaipur, la ciudad dorada, donde hay un centro astrológico, con artefactos con los que se conectaban en la antigüedad con los astros. Hay historias increíbles, más los colores y los aromas…” Como le ocurrió a ella, son muchos a los que en este mundo actual, tecnológico y con la información que quieras al alcance de la mano, buscan otro tipo de respuestas en las culturas ancestrales, como hindúes, mayas o egipcios. “Es porque el ser humano siempre tiende a volver a su esencia y a su verdadera identidad. Según la filosofía del yogui, uno es un ser, un alma o atman, que hoy le toca tener una experiencia humana. Hoy tenemos este cuerpo, pero a medida que trascendemos, generamos ese famoso karma, auras ancestrales. El karma tiene mala fama, como algo desgraciado, pero en realidad el karma es una bendición, es causa y efecto. Vos tenés experiencias en esta vida y para la vida siguiente vas a tener otro cuerpo pero tu alma es la misma. Vas cambiando de experiencias y cuerpos. Uno evoluciona. Cuanto más te acercas con lo ancestral”.
En esa búsqueda consiente de seguir practicando, el yoga la acercó a muchas cosas nuevas, entre ellas la música. “Dentro del yoga hay toda una rama, musical, que se llaman los mantras, que son sonidos sagrados, ancestrales, que se usaban como rituales. Algunos provienen de escrituras, y tienen energía. Cuando llegan a occidente, el occidental los musicalizó y yo estoy haciendo una fusión, tratando de mantener un poquito el misticismo de la india, pero con todo lo pop, lo folclórico…algo lindo va a salir. Me atrevo a decir que fui una de las primeras profes de yoga de Necohea que en su clase, durante la relajación, no pone un CD. Yo canto. Siempre hay música en vivo en mis clases”. Ahora, su voz y su guitarra esperan llegar a mucha más gente con un nuevo proyecto: “Grabé un CD con el productor Alberto Lucas y con Marcelo Predacino, que es el guitarrista de Abel Pintos. Ellos me hicieron la producción del disco, que se terminó hace un mes”. El primer concierto de mantras esta previsto para el 25 de septiembre en la ciudad de Lujan, que organizaron desde la misma escuela de Natha Yoga de esa localidad. “Hay un montón de entradas vendidas y no lo puedo creer”, confesó sobre las expectativas.
Exito y la sabiduría
Actualmente practicando con el vocalista Alfonso Méndez, advirtió que no es solamente un pasatiempo: “le dedico muchas horas a la música para que salga lo mejor que se pueda. Pero la música es algo que hace más de 10 años que estoy estudiando”. Igualmente, aclaró: “No tengo expectativas con la música, eso me permite disfrutarlo más. De hacer todo con mucha emoción. Esta bueno no tener expectativas, porque lo que sea (que pase) va a estar buenísimo. Me gustaría cantar otras cosas. Me encantaría”, agregó con ilusiones de seguir creciendo.
“Ahora estoy tironeando entre la profesora de yoga y la cantante. El fin de semana tuve que viajar a Vicente López, a ensayar… y tuve que pedirme permiso a mi misma para poder faltar porque tenía que ir a Tandil y fue Sadeva solo. En algún momento voy a tener que elegir y creo que la profesora de yoga siempre va a estar, porque es mi estilo de vida”.