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Deportes | 2 sep 2023

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Magalí Fazzi, entrenadora de la primera división de Necochea Rugby: es la primera mujer en hacerse cargo de un plantel superior de la UAR

Su caso es único en Latinoamérica y casi no tiene antecedentes en el mundo


Magalí Fazzi es profesora de Educación Física. Tiene 32 años y consiguió, luego de prepararse durante largo tiempo, convertirse en la entrenadora de un equipo del deporte que ama. Hasta acá, su historia podría ser parecida a la de cualquier otra deportista que decidió dedicarse a actividades de alto rendimiento. Pero Magalí es entrenadora de rugby, y además dirige a un plantel superior masculino. Su caso es único en latinoamérica y, según los registros conocidos, sólo un puñado de mujeres en el mundo logró meterse como hizo ella en un deporte siempre asociado a la ultramasculinidad y en el que las chicas están dando, muy de a poco, sus primeros pasos.

Desde que comenzó este año, Fazzi dirige el plantel superior de Necochea Rugby, que participa en los torneos en la Unión de Mar del Plata y que se animó a cambiar la forma de pensar su organización y darle a una chica la responsabilidad de llevar adelante su plantel masculino, un equipo que ya llevaba varios años formado e integrado por jugadores que aprendieron a escuchar a una persona que pesa la mitad que ellos y que les llega, con suerte, a la altura de los hombros. Previamente y desde hace un par de años, también había sido entrenadora del plantel femenino del Necochea RC.

¿Cómo llegó Magalí a ese lugar único para una mujer? Ella misma dice que su primer deporte fue el fútbol. Comenzó a patear la pelota redonda a los 5 años, y lo hacía muy bien. A los 17 años, cuando estaba terminando el secundario, fue convocada para jugar en la Selección Argentina para un sudamericano Sub 20. Compartió ese torneo en Colombia con muchas de las chicas que este año viajaron al Mundial Femenino con la celeste y blanca.

Una lesión en el tobillo la obligó a parar por un tiempo y cuando pudo volver a moverse, una amiga la invitó a entrenar a una plaza de Tandil, la ciudad en la que creció, pero la invitación tenía una trampa: la pelota era ovalada. Era 2010, y el cambio de pelota, y de deporte, le gustó: “Me pareció muy interesante y desafiante”.

Al año siguiente se fue a vivir a La Plata. De Tandil se llevó las ganas de ser médica y, también, la pelota ovalada. No encontró lo que esperaba: chicas como ella con ganas de hacer pases hacia atrás, tacklear y patear una pelota que no se queda quieta.

“Como no había equipo femenino en La Plata, en 2012 dije ‘bueno, tendremos que hacerlo’, así que armé una página de Facebook convocando a chicas interesadas en el rugby. Cuando veía chicas entrenando o corriendo en una plaza las paraba y las invitaba. Así pude juntar 25 jugadoras. Todas eran estudiantes del interior de la provincia de Buenos Aires que estaban en La Plata. Entrenábamos en el Parque San Martín. Yo les enseñaba lo poco que sabía, y luego se sumaron algunos ex jugadores de rugby que nos dieron una mano porque yo no sabía mucho”, recuerda.

El parque ya no les alcanzaba. “Empezamos a buscar clubes para que nos permitan jugar y federarse. Tuve una reunión en La Plata Rugby y así fuimos el primer equipo femenino de clubes de primera división de la URBA”, cuenta sobre el momento en que se dio cuenta de que su gusto por el rugby ya era imparable. “Ahí fui capitana y salimos campeonas, ganamos un nacional de clubes. Jugué para la URBA en un seven de la República y estuve en la Selección Nacional de Seven entre 2014 y 2017”, dice Magalí.

Con la cabeza y el cuerpo ya dedicados al rugby, la medicina fue reemplazada por la Educación Física, y por el estudio de un deporte que jugaban muy pocas. El gran salto en esa formación ocurrió cuando ella misma se dio cuenta de que no le alcanzaba con el rugby de siete.

“En 2019 me fui a jugar a Australia, a la Liga de Sidney, porque quería ganar experiencia en el rugby de 15 jugadoras. Allí jugué de medio scrum en Warringah, en esa liga, y aprendí muchísimo”, recuerda.

Con los equipos de 15 jugadores, se dio cuenta de qué era lo que le gustaba más de su deporte. “El rugby me gustó porque es muy estratégico, muy complejo. Es un deporte que está en cambio constante, porque incluso sus reglas cambian año a año, para hacerlo más seguro o más veloz. Me parece un deporte súper desafiante. Todo el tiempo tenés que estar estudiando para mejor. Me gusta mucho también el alto contenido de impactos que tiene, y de contactos. Eso me atrapó desde el principio, pero la estrategia vino después”, recuerda.

Al regreso de Australia hacia la Argentina, Magalí vivió otro cambio, obligada por el cambio que arrastró a todo el mundo. “Mi proceso de entrenadora fue más rápido que lo que esperaba. Cuando volví de Australia la pandemia me cambió todo, como a muchos. Terminé mudándose a Necochea, donde no había rugby femenino y que está en la Unión de Mar del Plata, donde el rugby femenino está muy poco desarrollado. Ví que no lo podía jugar así que me puse a entrenar a los juveniles de Necochea Rugby, los Tiburones”, cuenta en diálogo con Clarín.

“En 2021 y 2022 entrené a los menores de 15 años y este año los Tiburones se quedaron sin entrenador en el plantel superior. Ahí se produjo una combinación, porque el club ya me conocía bien y a la vez yo quería entrenar al plantel superior, así que empecé a entrenarlos sola. Hay chicos desde 18 años pero la mayoría del plantel tiene cerca de treinta años. Es un equipo que ya estaba formado y que tiene recorrido. También trabajamos con una preparadora física, así que somos dos mujeres, Josefina Serqueira y yo, las que entrenamos a los jugadores en la cancha y en el gimnasio”, dice.

-¿Cómo tomó la decisión el club de ponerte a vos al frente?

-Para el club fue un paso muy natural, porque yo ya estaba ahí y quería entrenar a los grandes, yo sabía lo que necesitaba el equipo para mejorar.

-¿Y los jugadores?

-Al principio, los jugadores quedaron muy intimidados frente a mí, a pesar de que yo soy bajita y muchos de ellos son enormes. Cuando yo llegaba dejaban de hablar. Hoy siento que me respetan de una manera increíble y que escuchan lo que yo les digo o hacen los cambios que pido en el juego.

-¿Qué pasa cuando entran a una cancha y los rivales te ven a vos con ellos?

-Los otros entrenadores también reaccionan. Siempre la primera pregunta es: ‘¿Pero los entrenás vos sola?’. Incluso se sorprenden cuando ven que los jugadores nos miran en el partido o ven que siguen los que les decimos, o nos esperan a nosotras.

Magalí ya no quiere correrse del lugar que consiguió. “A mí me gusta desarrollar el rugby femenino pero también me gusta mucho el rugby de 15, y en la Argentina aún no se juega de 15 femenino, así que yo quiero seguir entrenando a varones porque me gusta el juego”, avisa.

Además de su tarea en el rugby de 15, ella sigue trabajando con las chicas. “Hoy soy manager de las Yaguaretés, el seleccionado argentino femenino de seven. El plan de la UAR es desarrollar el camino hacia el rugby de 15”, cuenta.

Ella sabe que su trabajo para ayudar a que el rugby femenino llegue a tener un torneo con equipos de 15 jugadoras será largo, pero sabe que con lo que hizo hasta ahora ya dio pasos muy importantes, no solo hacia adentro del rugby, sino que también pueden ser significativos para la imagen del deporte en la sociedad. Lo explica así: “Yo siempre creí que la participación de las mujeres en el rugby, sobre todo en el rugby infantil, puede mejorar mucho la imagen del rugby, que para alguna gente está asociado al machismo y a las conductas violentas fuera de la cancha. Si jugamos más mujeres, y nos metemos más desde el rugby infantil, eso puede cambiar”.

Fuente: Diario Clarín

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