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miércoles 30 de noviembre de 2022 - Edición Nº1456

Entrevistas | 12 nov 2022

TUS RADIOS

“Ante cualquier acontecimiento, por oscuro que sea, estoy convencido de que lo que nos salva del espanto es el humor”

El actor y comediante Pablo Casado compartió los gajes de su oficio y cómo sumó el humor a su otra pasión: la radio y el relato deportivo. Su paso por la política, la satisfacción de hacer lo que el gusta y el desafío cuando no lo pueda hacer más


Sufro de un muy mal humor. Lo que se ve en el escenario no tiene nada que ver conmigo”, nos advierte Pablo Casado de primera mano comenzando una charla que transitará de principio a fin por sus dos pasiones: la comedia y el relato futbolero. Dos mundos que lo movilizan y que logra combinar profesionalmente tanto en un escenario como en una cabina de transmisión, por difícil que parezca. Aunque se reconoció como un actor devenido en comediante, afronta el desafío de generar sonrisas en estos tiempos que corren y sabe que cuenta con la mejor herramienta: “Ante cualquier acontecimiento, por oscuro que sea, estoy convencido de que lo que nos salva del espanto es el humor”.

Curiosamente, como advirtió, dedicarse al humor “es un accidente por la carencia de otras ofertas. No había humoristas cuando me lancé y además me empezaron a pagar, cosa que en el teatro era impensado, porque en el interior (del país) el teatro es algo más vocacional, como un hobby. Cuando empezaron a llegar contrataciones de humorista, evidentemente me dije sirvo para esto, pero fue como una salida de laburo”, explicó quien se formó como actor en la Escuela Municipal de Artes pero que subió por primera vez a un escenario “por accidente” tras sumar sus primeras armas actorales en una serie de talleres que se daban en el Teatro Municipal Luis Sandrini, “con profesores que venían de formarse ellos académicamente en tiempos de cuando Natalio Seta fundó el Teatro Municipal”.  El faltazo de uno de los actores en una obra le cambió la vida: “Estaba de apuntador y como por eso me sabía la letra de memoria, lo reemplacé. Ahí rompí con ese temor, porque no todos los formados pueden actuar, porque hay un montón de sensaciones y miedos que no te los enseña nadie a enfrentarlos. Fue pura suerte. Quizás si no se hubiera enfermado aquel actor que yo reemplacé quizás nunca hubiera tenido la primera vez, que era mi mayor miedo. Van a coincidir todas las actores y actrices que ese minuto antes de la apertura del telón decis ‘qué demonios hago acá’. Uno renuncia a esos temores y yo lo hago con una frase: ‘enciendan las luces y suelten a las fieras’…tiene mucho que ver con el boxeador que le retiran el banquito, que queda solo y suena la campana. Hay mucho de coraje… y te diría que en el humor mucho más, porque son tiempos difíciles para hacer reír”.
Mientras que en una obra el guión no permite alteraciones y sea cual sea la respuesta del público, positiva o negativa, todo avanza como se ensayó, en el stand up, en la comedia de improvisación, al público “lo vas midiendo permanentemente”. En ese ejercicio del que siempre se puede aprender algo nuevo en cada función, compartió que el público da su sentencia: “Si se ríen o aplauden, o las dos cosas, está todo bárbaro. Si hay un silencio seguido a lo que uno eligió como remate…ahí hay que remarla e improvisar. Mi método es tratar de saber a quién le voy a hablar y en qué contexto. Me busco un repertorio acorde”. Sin embargo, no hay garantías: “Muchas veces sale mal, muchas veces me equivoqué. Elegí mal el repertorio. Me equivoqué bastante, me he frustrado bastante, pero nunca dejé de hacerlo. Cuando me ha salido mal no veía el día que pudiera repetir el mismo monólogo para probarlo y saber si era yo o el público. Y por suerte sigo advirtiendo que no soy yo el absoluto responsable de que fracase o sea un éxito, depende mucho del público”.
Justamente ese público ha cambiado como cambió la sociedad en los últimos años y con ello cambió lo que nos hace gracia o no. “Nací en el año 71. Me morfé una etapa en donde a cuanto más grosero y más burlón el humor, más cerca del éxito estabas. Y hoy la sola mención en una historia que pudiera incomodar a alguien por sus características físicas o intelectuales, por sus creencias religiosas o políticas, ahora con eso tenes garantizado el fracaso”. En ese aprendizaje sobre el acontecer de los cambios, aclaró que “nunca me retaron. Me di cuenta temprano…y hoy veo a otros humoristas por TV y me hace mucho ruido lo que hacen. Me di cuenta no era por ahí la cosa”.

 

El ‘gracias por hacerme reír’ es la mejor paga, es incomparable… me siento útil aislando a la gente unos minutos de la realidad”


Reflexionando sobre esa relación entre el entretenedor y el público, compartió que “mi mayor pretensión es dedicarle un par de minutos en la puesta en valor de vivir la vida con alegría. Que ante cualquier acontecimiento por oscuro que sea, estoy convencido de que lo que nos salva del espanto es el humor. Mi mayor objetivo, por lo que selecciono muy bien el final, es que acá no nos hemos reído de nadie. Hemos hecho de una situación adversa un motivo para reírnos, vernos a nosotros mismos siendo capaces de sobreponernos de la mano de la risa. Algunos podrían considerarlo que es una terapia. El ‘gracias por hacerme reír’ es la mejor paga, es incomparable. Vine a hacer esto y lo cumplo, debe sentir lo mismo el que sana por otros medios, por la medicina o el couching … me siento útil aislando a la gente unos minutos de la realidad”


La pelota no se mancha
Casado también se ha desarrollado como profesional en el periodismo deportivo, concretamente como relator de fútbol, siguiendo los partidos de los equipos locales en los torneos de la Liga Necochea o el Torneo Federal Regional, actualmente en Radio Ciudad 100.7. A diferencia del teatro no hubo accidente, no fue por un impulso ni -como en el humor- una salida laboral. “La radio sí tiene que ver con algo soñado desde niño, desde muy chiquito porque nací en un hogar, donde trascurrí buena parte de mi infancia y adolescencia, en donde la única comunicación con el exterior era la radio. Me imaginaba entrevistas, me imaginaba relatos de fútbol. Me grababa porque quería aproximarme lo más posible a las voces que escuchaba en aquel tiempo, era el final de la carrera de José María Muñoz en el relato y la aparición de Víctor Hugo”.
A la hora de buscar un estilo entendió que “siempre las copias le ponen un límite al crecimiento personal. Siempre procuraba un estilo propio”. Y el humor apareció como una alternativa cercana: “En la búsqueda de un estilo propio, un día hubo un relato en la cancha de Rivadavia, jugaba el local y Gimnasia. Hago una broma sobre un árbitro que en un minuto o dos peló cinco tarjetas amarillas. Se rieron mi comentarista y mi locutor. Y digo bueno, por acá es la cosa. Porque el humor es primo hermano de entretenimiento. Y creo que en estos tiempos la radio, en el relato, es más compañía que otra cosa. Apuesto a mantenerlos entretenidos, agregándole a cada párrafo, más que humor, un chispazo de argentinismo puro. Creo entender lo que le gusta a la gente y lo sostengo porque me va bien. Inventamos un estilo con profundo respeto del que a eso lo espanta y va por el lado de lo más formal. No creo que me llamen nunca de una asociación de periodistas para darme un premio, pero sí que me diga una señora ‘te escuché y me morí de risa…” 
A la hora de elegir, no dudó: “Siempre lo soñé desde chiquito y por eso el placer cada vez que entro a una cabina de transmisión o a un estudio de radio, porque estoy cumpliendo un sueño que tiene ya 42, 43 años. En el caso del teatro también lo hice desde muy joven, pero te diría que el destino, Dios, las oportunidades o lo que crea cada uno me fueron llevando para el presente como humorista, pero no es algo que elegí. Si me das a elegir mañana: o estas acá en una cabina de fútbol relatando o allá en un escenario haciendo reír, elijo mil veces la cabina de radio”.

Arena política
Sorprendiendo a propios y extraños, Casado salió de esa zona de confort que disfruta entre el escenario y una cabina de transmisión para meterse en la arena política, donde justamente el humor parece no tener lugar: “Son incompatibles. Si hay un capital que tiene el artista es el público” y entendió que el camino político no le suma. Sin embargo, compartió sus motivaciones: “Lo hice por el mismo motivo por el cual a los 16 años me anime a actuar, el mismo motivo por el que a los 23 me anime a relatar, que alguna vez a los 30 me subí  a un auto de carrea, que alguna vez a los 33 entré a un cuadrilátero de boxeo y por el que alguna vez me encaré  a la mujer más difícil, a la reina de un pueblo: porque me dijeron que no y porque sé que alguno pensaba que no podía. Lo hice y me fue tremendamente mal. Sé que quedaron votos en el camino porque la política tiene sus trampas en el ejercicio y yo no pude armar un equipo que me permitirá tener fiscales en todas las mesas y porque la campaña fue sin fondos. Y porque me sume a un espacio tremendamente negativo para la política, no era para arrancar por ahí. Pero me quedo con el capital, el aprendizaje de que no estaba equivocado, de que es mejor participar que no hacerlo. No lo hago porque no tengo espalda económica y hay que dedicarse.  Ojala vayamos modificando para que el que quiera ser, pueda. Sino vamos a estar como hasta ahora empantanándonos en los mismos problemas de siempre desde hace 40 años. La única manera de romper con eso es con mayor participación, no enojarnos, porque les dejamos la política a los que lo han hecho un modo de vivir y no eso la democracia no tiene nada que ver con eso”.

No morirse de nostalgia
Consultado por un nuevo “no podés hacerlo” que lo motive a aventurarse en algo nuevo, aseguró por el contrario no tener cosas pendientes y se visualizó en un futuro sin poder hacer lo que le gusta. “Mi desafío es cómo voy a vivir cuando por una cuestión física o de capacidad no pueda entrar más a una cabina de transmisión o subir a un escenario… si tuviera que quedarme un domingo en mi casa, sin poder ir a la cancha o sin dar un espectáculo. Eso lo tengo que resolver todavía. No voy a hacer que me retire el error, lo tengo claro. Espero tener la lucidés para hacerlo mucho antes”. 
Como si se bajara el telón o sonara el pitazo final, el actor se sacó el maquillaje y relator se llenó del vacío de la tribuna. El que nos hace reír nos mostró su cara melancólica, esa que como nos había advertido en un comienzo de la charla, no tiene que ver con lo que se ve en el escenario. “Mi aprendizaje es cómo voy a hacer cuando no pueda hacer lo que hago. Es un desafío que tengo que resolverlo porque me puede hacer muy mal. Yo disfruto de mi casa, leer, escuchar música, cocinar… el teatro fue mi novia y mi señora, no tengo familia…no me quejo porque lo elegí. Quizás encuentre en algún rincón, un lugarcito cómodo para espirar el pasado y no morirme de nostalgia".

Escuchá la entrevista completa acá:

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