Como suele ocurrirle, sus 2.04 metros de altura no le permiten pasar desapercibido. Pero principalmente entre los amates del deporte, la figura de Alejandro Spajic es más reconocida por su brillante trayectoria de 15 años con la camiseta de la Selección Argentina de vóleibol. Y para sorpresa de varios “El Caño” pasó fugazmente por nuestra ciudad, donde aprovechó para visitar a su excompañero de Selección Pablo Meana, con quien forjó una enorme amistad desde hace 25 años.
La “excusa” del viaje de Spajic fue llegar hasta Bahía Blanca donde se encuentra entrenando su hijo Pedro, quien eligió al básquetbol como deporte, como también lo había hecho Alejandro en sus comienzos. Si bien Spajic y Meana coincidieron por primera vez en la selección olímpica de 2000, "El Caño” recordó que “nos conocíamos de argentinos de cadetes, de juveniles...la proximidad y tener objetivos, la misma idiosincrasia y cosas en común va forjando la amistad. Básicamente somos personas simples y dentro de la formación de grupo tenés más afinidad con unos”.
Fuera de la Selección, también coincidieron –y fueron campeones- con Bolívar en la Liga Argentina y también en Rusia, en el Lokomotive Belgorod, en este caso con Meana como carta de recomendación. Al respecto, no dudó en afirmar que su paso por el voley ruso fue “en lo profesional lo mejor que me tocó vivir”, aunque admitió que la permanencia en familia en suelo ruso fue todo un desafío: “No tiene nada que ver la Rusia que conocimos con la actual. (Entonces era) mucho más cerrada, sin acceso a internet, con poco acceso a lo más simple del comercio. Fue un desafío muy lindo, se sufrió, el clima, la forma de ser de ellos, pero por suerte Pablo había allanado el camino. Fue una hermosa experiencia y estoy agradecido con los que me dieron esa posibilidad”.
En su paso por Necochea, Pablo lo invitó a presenciar –y luego a formar parte- del entrenamiento del equipo de mayores del Club Huracán que se prepara para el Provincial de Clubes. Allí también como invitado estuvo Axel Jacobsen, descansando en Necochea tras otro paso como campeón en Grecia. Sobre esta vuelta a la cancha a los 46 años, el sanjuanino Spajic bromeó que “la última pelota que me había levantado Axel (Jacobsen) había sido en la final de la Liga entre UPCN de San Juan y Bolívar. Desde hace 7 años no volvía tocar una pelota de voley, hasta que Axel me la volvió a armar ayer. Hermosa experiencia. No pensé que iba a estar tan mal, pero con el último esfuerzo y casi a nivel de una contractura lumbar y cervical logré atacar una pelota”.
"Es mentira que hay una persona ganadora. 20 equipos compiten en cualquier torneo, hay un solo ganador y no quiere decir que hay 19 perdedores. La victoria es hacerlo con pasión y dejar todo adentro y fuera de la cancha".
Desde el otro punto de vista, también fue un entrenamiento inolvidable para los jugadores de Huracán. Meana compartió que “lo incité a que haga la entrada en calor, llegó a jugar de opuesto, no de central, y cruzado con Bruno Jacobsen, así que estuvo picante”, generándose un momento especial con el “Rulo” García Mónaco o Facundo Esparraguera, entre otros que lo tiene a Spajic como referente de varias generaciones. Pero también admitió Pablo que algunos chicos de 16 o 17 años, “ni saben quién soy yo, que los entrena o qué aportamos en el voley. Así que les pedí que googlearan y ahí se dieron cuenta de lo grande como jugador que es “El Caño”, alguien que con su altura pegaba por arriba de los rusos, los brasileños y los yankis”.
Actualmente dedicado a la comercialización de embarcaciones en Santa Fe, donde se encuentra radicado desde hace 7 años con su familia, admitió que el voley hoy forma parte de una linda etapa de su pasado. “Me alejé porque nació mi segundo hijo y no tenía ganas de seguir quitando el tiempo que me debía a mi familia. Mi hijo tomó la decisión de jugar al basquet y ahí estoy, de dirigente, trabajador, en la comisión de padres, todo lo que hicieron mis viejos por mí, trato de hacerlo por él”. Y sobre sus años de alto rendimiento, agregó que “son etapas que pasan. Uno no puede extrañar lo que no existe más. Lo disfrutamos muchos años, conocimos muchos lugares. Tuvimos más derrotas que victorias, de eso se trata el deporte. Es mentira que hay una persona ganadora. 20 equipos compiten en cualquier torneo, hay un solo ganador y no quiere decir que hay 19 perdedores. La victoria es hacerlo con pasión y dejar todo adentro y fuera de la cancha. El voley nos dio eso, una formación, una disciplina que la aplicás en otra actividad. (El deporte) es muy recomendable para cualquier chico, aunque no se dedique profesionalmente, para convivir con el cansancio, la fatiga, los dolores y aplicar eso que te da el deporte, los viajes y charlar con gente diferente a vos. Y eso trato de transmitirle a mi hijo”.
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